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martes, 22 de abril de 2014

A Gabriel Garcia Màrquez


¿Qué puede decir un simple mortal
sobre Gabo… que ya no se haya dicho?

... Y bullían en su cerebro desde la más tierna infancia todas aquéllas ideas que su entorno, ya de por si mágico, le inspiraban. Se iba a llamar La Casa, o así imaginó a 100 Años de Soledad cuando apenas tenía 17 años. Pues era en ellas, la de sus abuelos y las de sus vecinos, donde encontraba sustancia suficiente para no tener que sufrir mucho correteando a las musas, que por lo demás, siempre se le mostraron generosas, aunque él insistía en la “carpintería”; el trabajo manual de corregir, leer y releer, como la principal virtud de quien escribe. 
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Esa inteligencia y diplomacia que caracterizó al hombre apegado a su fidelidad en lo concerniente a la amistad –teniendo la virtud de saber separar siempre lo que pudiera contaminarla-. Ese amor a la música cercana e íntima de sus raíces; a sus ballenatos, que cantaba bien entonado.
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A veces creemos verlo rodeado de la misma magia que tenían las palabras que hilvanaba con la sencilla sabiduría de que gozan tan pocos seres en el mundo, que saben bordar con virtuosismo el vocablo exquisito, oportuno, accesible y comprensible, pues no fue escritor de rebuscamientos metafóricos excesivos, que obligaran al lector común a consultar un diccionario. 
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Humanidad, cercanía, sonrisa fácil; humildad natural que jamás permitió que fuera contaminada por el éxito. ¡Se le ve tan sencillo, tan de todos, cuando en medio del boato del entorno recibe su Premio Nobel, diciendo en su discurso: que él es como cualquier personaje de sus novelas…!
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Si acaso, Gabo, fuiste culpable de producirnos una lágrima furtiva. De hacernos creer en paraguas sin cubierta, para disfrutar de noche las estrellas; o en lluvias interminables de flores amarillas; además de que, envolviéndonos en tu mundo particular, nos atrevimos casi a apostar por el gallo de pelea que nunca supo de que estaba hecho. Nos hiciste visualizar un planeta ardiendo, quemado hasta sus cimientos, por la última bomba nuclear lanzada por el último loco, con un botón a su disposición. 
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Maestro: tú, nos obligaste a  imaginar…


miércoles, 16 de abril de 2014

es el comienzo -cuento





ES EL COMIENZO

Inmenso como el magnífico desierto, sin horizontes ni cosa alguna que limite la vista. Toda presunción de conocimientos, de saber, se pierde; se queda pequeñita ante lo incomparable, lo inconmensurable… lo  inexplicable.

El sentimiento de plenitud que nos rodea no requiere de guías ni maestros. Entra por cada uno de los poros,  pasando a formar parte intrínseca del ser interior que se siente  en comunión con algo mas grande, que no entiende aun, pero que sabe que es parte de si mismo, aunque no acabe de comprender porqué, ni tampoco esté muy interesado en averiguar lo que presiente ha de dársele por añadidura.

La magnificencia lo rodea todo. El amor y la paz se respiran dulce  y conscientemente, como normalmente lo hacemos con el aire, dándonos cuenta que nos entendemos sin hablar, y que las preocupaciones cotidianas han desaparecido de forma tan radical que apenas somos capaces de recordarlas. Cualquier giro de la mente hacia esos recuerdos, es rápidamente sustituido por imágenes de belleza sublime, donde podemos percibir claramente lo que nos ha hecho realmente dichosos,   y  recrearnos en ello una y otra vez, hasta que forman parte natural del verdadero ser que se es.

Los jardines parecen florecer en una primavera perpetua.  Las personas se codean en fraterna armonía, diciéndonos con su ejemplo que las diferencias son irreconciliables cuando así lo decidimos, pero que realmente son solo una abominación, una degeneración anti espiritual, solo humana, de la cual podemos desembarazarnos al tomar consciencia de nuestro ser interior; de lo que realmente somos.

La enfermedad, la vejez, la escasez, la pobreza, las calamidades que atormentan y quitan los deseos de luchar, o nos convencen de la inutilidad de ello, sintiéndonos menguados e impotentes, pasan a ser haberes en el baúl del aprendizaje, sin otro valor que la simple referencia que quedará archivada en el capítulo de las experiencias.

Recién comenzamos a entender muchas cosas. Nos damos cuenta exacta de lo que la palabra felicidad significa, y de que nada tiene que ver con lo que por tanto tiempo relacionamos con ella, llevándonos a veces a grandes excesos con tal de lograrla,  y que eso tan preciado, tiene mas valor y nos da más satisfacción cuando damos, que cuando recibimos.

Aquélla puerta que impacta cuando se la ve. Que empequeñece al ignorante que teme tirar de ella, esconde tras su impresionante tamaño y lujosos relieves, la verdad de la esencia, la única verdad, la finalidad de la existencia; el comienzo de la verdadera vida.

Mientras, vemos claramente cuanta energía  gastamos inútilmente cuando vivíamos aterrorizados por sombríos presagios, creyendo, inocentemente,  que era el fin.

  

miércoles, 9 de abril de 2014

Los conformistas



















 LOS CONFORMISTAS

Aquí estamos
desoyendo indicaciones y augurios,
creyendo en promesas,
asiéndonos al pasamanos de la vida
que se estremece a nuestro contacto.

Caminamos por el puente levadizo
construido para épocas difíciles.

Se nos prometió certeza,
recibimos inseguridad.
Se nos prometió libertad,
recibimos opresión y muerte.

Nos damos con los mismos en la cara.
Los reconocemos.

Son los de entonces,
los de antaño, que no pasan de moda.
Las mismas excusas.
Las mismas promesas.
Los mismas mentiras.

 Pero...

También nosotros somos siempre los mismos:
Los conformistas.

 

sábado, 5 de abril de 2014

...y tambièn ayer..



 

…Y TAMBIÈN AYER…

Hoy me siento triste. Y también ayer. Creo que la alegría se ha confabulado en mi contra; que me odia, me reta y a veces, me desprecia. 

Ya no existen espejos donde al mirarme me recuerde. 

Soy una extraña de mi misma. Una especie de imagen vaga que se quedó atrapada en los antaños, en los cuándos, y en los sueños no cumplidos que solo agrian y amargan lo que tal vez jamás fue dulce, pero que aun así luchamos por idealizar.

Rondan como fantasmas a mí alrededor las danzantes muecas, otrora sonrisas,  que cada vez se me hace más difícil atrapar, reconocer, recordar. Todo me suena a hueco, a cascajo, a vacío, a dejado, a arrumbado, a… olvido.

Queda la sombra que se aferra, que no quiere ceder ni dar paso a lo inevitable, que no por ello ha de ser fatal, pero que sin duda está ahí, a la vuelta, detrás de esa puerta herméticamente cerrada que temo abrir para confrontar lo desconocido, que sin embargo intuyo.

Pero la sombra será más fuerte que yo, seguramente. Ella no tendrá miedo de descorrer el velo, de mirar a los ojos a lo profundo… de lanzarse al vacio que sin duda la acogerá con ternura…

Hoy me siento triste… y también ayer.