Reflexiones para el alma...

ES EL COMIENZO
Inmenso como el magnífico desierto, sin horizontes ni cosa alguna que limite la vista. Toda presunción de conocimientos, de saber, se pierde, se queda pequeñita ante lo incomparable, lo inconmensurable…lo inexplicable.
El sentimiento de plenitud que nos rodea no requiere de guías ni maestros. Entra por cada uno de los poros, pasando a formar parte intrínseca del ser interior que se siente en comunión con algo mas grande, que no entiende aun, pero que sabe que es parte de si mismo, aunque no acabe de comprender porqué, ni tampoco esté muy interesado en averiguar lo que presiente ha de dársele por añadidura.
La magnificencia lo rodea todo. El amor y la paz se respiran dulce y conscientemente, como normalmente lo hacemos con el aire, dándonos cuenta que nos entendemos sin hablar, y que las preocupaciones cotidianas han desaparecido de forma tan radical que apenas somos capaces de recordarlas. Cualquier giro de la mente hacia esos recuerdos, es rápidamente sustituido por imágenes de belleza sublime, donde podemos percibir claramente lo que nos ha hecho realmente dichosos, y recrearnos en ello una y otra vez, hasta que forman parte natural del verdadero ser que se es.
Los jardines parecen florecer en una primavera perpetua. Las personas se codean en fraterna armonía, diciéndonos con su ejemplo que las diferencias son irreconciliables cuando así lo decidimos, pero que realmente son solo una abominación, una degeneración antiespiritual, solo-humana, de la cual podemos desembarazarnos al tomar conciencia de nuestro ser interior; de lo que realmente somos.
La enfermedad, la vejez, la escasez, la pobreza, las calamidades que atormentan y quitan los deseos de luchar, o nos convencen de la inutilidad de ello, sintiéndonos menguados e impotentes, pasan a ser haberes en el baúl del aprendizaje, sin otro valor que la simple referencia que quedará archivada en el capítulo de las experiencias.
Recién comenzamos a entender muchas cosas. Nos damos cuenta exacta de lo que la palabra felicidad significa, y de que nada tiene que ver con lo que por tanto tiempo relacionamos con ella, llevándonos a veces a grandes excesos con tal de lograrla, y que eso tan preciado, tiene mas valor y nos da más satisfacción cuando damos, que cuando recibimos.
Aquélla puerta que impacta cuando se la ve. Que empequeñece al ignorante que teme tirar de ella, esconde tras su impresionante tamaño y lujosos relieves, la verdad de la esencia, la única verdad, la finalidad de la existencia; el comienzo de la verdadera vida.
Mientras, vemos claramente cuanta energía gastamos inútilmente cuando vivíamos aterrorizados por sombríos presagios, creyendo inocentemente que era el fin.