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LOS VECINOS
Como no sentir ira, como callar o hacerme la desentendida. A travès de las delgadas paredes alcanza a escucharse todo, lo bueno y lo malo. Se oyen los murmullos de las noches de romance, los susurros que parecen interminables, pero también los llantos ahogados, sofocados…las palabras ininteligibles.
Se que algo pasa. No solo me lo dice la voz de la experiencia, sino que me doy cuenta cuando te veo en las mañanas, si de vez en cuando nos encontramos en la escalera. Tu, casi inconcientemente dices buenos dìas bajando los ojos, y yo, saludándote alegremente, sigo mi camino apenas sin mirarte, para que no sientas vergüenza.
También suelo encontrarme con él, con tu marido…tan amable…servicial…atento…señora, buenos dìas…¿como està hoy?. Trato de responderle cortésmente, por temor a que piense que me cuentas algo, que soy tu confidente, y entonces seguramente te iría muy mal…aunque mis deseos son los de abofetearlo y borrar de una cachetada su sonrisita hipócrita.
En dìas pasados le hablè de esto a mi hija. Le dije que si volvìa a sospechar que algo sucedìa en tu casa, hablarìa contigo…¡no mamà, no lo hagas!...o llamarìa a la policía...¡¡por Dios mamà, no te metas en lìos!!...
Jamà he sido una mujer cobarde ni mucho menos indiferente, al menos eso creo, pero la realidad es que vivo sola, y en el caso de que ese hombre se enoje y venga a acusarme… o agredirme… las posibilidades de defenderme son prácticamente nulas, especialmente si me espera a la entrada o salida del edificio, y me reclama directamente. Voy a dejar pasar unos días a ver que pasa…además, esa muchacha tiene familia, yo los he visto entrar y salir varias veces y seguramente están al tanto…
En una sola ocasión, una sola, me atreví a mirarte fijamente a los ojos y preguntarte...¿ estas bien m´ijita?....si señora, gracias…me respondiste, tratando de sonreír…
Una noche, como a la una de la mañana, sentí claramente como se abría la puerta del apartamento de los vecinos…escuché voces, casi creí entender algo así como ¡cállate!...y con seguridad, un mueble… como una silla que caía al piso…unos minutos de silencio…agua que corría…tal vez la ducha, pensé… ( que desgracia esta de tener el sueño tan liviano) …y luego, nada.
Tal cual así se lo conté a la policía cuando tocò mi puerta al siguiente dìa …señora, sabe Ud. que pasò en el apartamento de sus vecinos?, ¿escuchò algo que nos pueda servir?.. como …¿ que sucediò?... la joven de al lado fuè asesinada, creemos que hace unas 12 horas…¿y su esposo?, pregunté…él no se encuentra…Los conocía Ud. ¿que nos puede decir?...
Esa sonrisa que esbozaste tratando de justificar tu rostro triste, esa sonrisa que supe perfectamente que habìas colocado en tu cara para deshacerte de las preguntas que sospechaste que te harìa, debiò obligarme a seguir inistiendo, aunque me llamaras curiosa… debì haberme valido de mi edad, usar el recurso de la mujer mayor que ofrece su ayuda y consejo a la joven en problemas….¡si lo hubiera hecho !…
Si hubiera…si hubiera…que razòn tienen los que dicen que “el hubiera” no existe…es la excusa que nos damos después a nosotros mismos para justificar la falta de empatìa, de conciencia cìvica, de solidaridad humana…anteponemos miles de situaciones estùpidas antes de tomar al toro por los cuernos y denunciar, hablar…pedir auxilio…y cuando las cosas terminan mal, como sucede con frecuencia, nos quedamos el resto de nuestra vida viendo la sonrisa, o la cara de tristeza que era en si misma un grito de angustia, con el que no quisimos comprometer nuestra, de todas formas, siempre precaria tranquilidad.
¡ESCÙCHENME BIÈN TODOS!...De algo podemos estar seguros. Tener dudas o certezas de que se cometen abusos y no denunciarlo, o no hacer nada por corregirlo, no es otra cosa que el inicio de un - desde ese momento, y para siempre- - sentimiento de culpa perenne, noches de pesadilla, y si nos va bien, de insomnio...jamàs podremos olvidar que quizàs por cobardìa, una persona sufrìo lo indecible...o perdiò su vida....¡TENÌA QUE HABER HECHO ALGO!
armida martìn