Escritores mexicanos y extranjeros condenan los asesinatos de periodistas...Cerca de medio centenar de escritores, poetas, periodistas y defensores de la libertad de expresión mexicanos y extranjeros convocados por el PEN Club Internacional condenaron hoy los asesinatos de 67 periodistas y las desapariciones de otros en una jornada de protesta en la capital mexicana. El poetaHomero Aridjis recordó que la cifra de muertos en la lucha contra los carteles asciende a más de 50.000 por lo que los asesinatos de periodistas pasan desapercibidos y los crímenes permanecen impunes. México es un país donde hay asesinados, pero no hay asesinos",
Era muy temprano y la mañana mostraba su triste cara invernal. A lo lejos, rayos furibundos y truenos asustadores, de esos que provocan arroparse bien en la camita caliente, pero ni modo, se dijo Cuicacani, las cosas son como son y hay que levantarse para ir a trabajar, sin importar si solo se tienen 12 años. Había soñado alguna vez que podría ser como los hijos del señor de la gran hacienda cercana a su casa, esos niños que parecieran siempre tener motivos para celebrar o estar de fiesta; pero su realidad era otra.
Ya tienes edad para ayudar de lleno en la casa. Eres el primero de los varones que termina la escuela primaria, pues bien sabes que los otros si llegaron a 4º. Grado fue mucho. Así lo había dictaminado su padre cuando regresó orgulloso a su casa mostrando su certificado escolar. Su madre, como siempre, calló.
No eran pobres realmente, pues tenían sus buenas tierras y sus cabezas de ganado, pero la ignorancia, y el hecho de “a mi no me hizo falta aprender a leer y a escribir para sacar mi familia adelante”, eran sentencias a las cuales su padre recurría siempre que al chamaco se le ocurría dejar asomar...papà, por lo menos, déjame estudiar la secundaria…Y no era solo el, varias veces se lo había escuchado decir también al abuelo, ya fallecido.
A pesar de su corta edad, le molestaba mucho la falta de carácter de su madre, que bien sabía los sueños que el acariciaba con respecto a seguir estudiando, y no porque quisiera alejarse de su familia, sino porque era algo que deseaba enormemente, aunque a veces no llegara a comprender porqué. Ella siempre había sido así callada, excesivamente sumisa; lo que dijera su esposo, su palabra y sus dictámenes, no eran algo que osara siquiera contradecir. Solo una vez la había visto alzar la mirada y clavarla fijamente en su marido, cuando a el se le ocurrió decir con respecto a su única hija…y la chamaca, ¿para que va a ir a la escuela?, nunca supo que sucedió, pero lo cierto es que su hermana Citlatzin, también había terminado la escuela primaria el período anterior, pues era un año mayor que el.
Sus dos hermanos eran más grandes, de hecho el primogènito ya estaba casado, por eso a Cuicacani no le había sorprendido e incluso trataba de entender la intransigencia de su taita, pues debido a los casi nulos apoyos al campo, lo que cosechaban apenas les daba para medio vivir, significando que pagar un sueldo era imposible, y allì, definitivamente, hacían falta más manos.
Cuando su hermana estaba a punto de cumplir 17 contrajo matrimonio y se fue a vivir aparte. Poco tiempo después de esto el padre, que había sido contratado para una doma de potros en la hacienda vecina y por lo cual le iban a pagar muy bien, fue lanzado con fuerza por uno de los caballos cerreros, con tan mala suerte, que se desnucó al caer al suelo.
Su madre reunió a los dos hijos que le quedaban en casa, y después de analizar pros y contras, decidieron vender su pequeña finca, darle al hijo grande algo de dinero para que realizara sus planes, e irse a vivir al pueblo con Cuicacani, y cerca de su hija… así podrás continuar estudiando… Y dijo esto mirándolo a los ojos, con un brillo de alegría y un gesto de complicidad que jamás le había visto.
En forma libre, pues ya no podía asistir a clases regulares, en poco menos de un año Cuicacani finalizò su escuela secundaria, entrando luego en el ciclo regular para terminar el bachillerato, y debido a sus siempre altos promedios, y con los buenos oficios del cura del pueblo, obtuvo una beca para irse directito a la universidad en la capital, donde quería estudiar medicina, tal como siempre había sido su sueño, casi olvidado y enterrado en el fondo de su corazón.
De vez en cuando regresaba a pasar vacaciones con su familia, percatándose del abandono en que los sucesivos gobiernos tenían a su pueblo, tanto en lo referente a la educación, como a los servicios médicos. Se propuso cambiar eso, o al menos intentarlo. Lo primero era salir del anonimato, así que una vez graduado y habiendo terminado su práctica, buscó la forma de ser entrevistado en televisión, con la escusa de ser el primero de su etnia que había tenido acceso a la universidad, y logrado esto, expuso las necesidades en que vivían, el atraso de sus comunidades, y la urgencia de fundar una pequeña clínica que al menos contara con los servicios básicos de salud, ofreciéndose a responsabilizarse por ella.
Esto llamó la atención de algunos, especialmente políticos oportunistas, que le ofrecieron mil cosas con tal de que fuera enlace con la gente de su raza. También un hospital de prestigio le dio la posibilidad de labrarse un futuro brillante, pero el Dr. Cuicacani no solo era un buen doctor, sino un buen hombre, así que prefirió irse con los suyos, proponiéndose trabajar con las uñas si era necesario por la salud de su gente, tratando de ubicarlos, ¡por fin!, en el Siglo XXI.
Habían sido varios años de un viaje interminable en busca del ideal de su padre el gran jefe azteca Huenupan. Este guerrero amado y respetado por sus súbditos, tuvo un sueño que deseaba convertir en realidad, pues sabía que sus ancestros, cuando se presentaban ante el para anunciarle algo, jamás le mentían o lo llevaban por caminos equivocados. El lugar especial, el que los haría grandes y temidos por todos los otros pueblos lejanos y cercanos, existía, y a él, Yuma, su heredero, le correspondía ayudar a cristalizar lo que tal vez podría parecer una utopía.
Huenupan aun vivía, pero su salud se había visto disminuida no solo por la edad, sino por las terribles complicaciones que tuvieron que sortear en tan largo camino, peleando aquí y allá para procurarse el alimento que diera de comer a los cientos de familias completas, además de los guerreros que los acompañaban, pues esta gesta, era precisamente para establecerse como pueblo en otro lugar…En aquél que Huenupan sabía con certeza que existía y que había visto mil veces en su imaginación; el lugar especial que la serpiente Ehacatl – en susurros que le llegaban con el viento – le había dibujado en su mente y plasmado con fuego ardiente en su corazón.
Se había propuesto llegar con vida, y su hijo Yuma le prodigaba toda clase de cuidados, ordenando a los sacerdotes procurarle la mejor medicina para que ese sagrado propósito se cumpliera, pues el gran Tlatoani no podía morir en esos inhóspitos caminos, ni ser enterrado sin que recibiera los honores correspondientes a su rango.
Después de un larguísimo viaje, y ya cuando el cansancio y agotamiento comenzaban a tener efectos devastadores sobre muchos de los aztecas; tanto los preparados para la vida ardua, como la gente común, Huenupan mandò llamar de urgencia a su hijo y a los altos sacerdotes y guerreros, con el fin de hacerles un anuncio…Dentro de tres días avistaremos el valle al que nos dirigimos; el lugar donde nos estableceremos por los próximos mil años…
Y así fue…Al llegar a la mas alta montaña que habían tenido que sortear en su larguísimo periplo, se mostró ante los asombrados ojos de este pueblo guerrero y valeroso, el soñado paraíso cuya esplendida belleza se les hacía imposible describir con las palabras conocidas…Un espectacular lago y pequeñas islas lo formaban...Gran vegetación, con profusión de nopales cargados de frutos que relumbraban bajo el sol, y enorme cantidad de aves y animales que jamás habían visto. La alegría fue enorme.
Decidieron descansar esa noche para comenzar el descenso a primera hora del dìa siguiente. Era tanta la emoción, que pospusieron la celebración y el homenaje que se le debìa a los ancestros que los habìan guìado y a Ehacatl, por haber mantenido vivo el sueño de Huenupan y orientado su camino.
Desde la alta montaña y según iban descendiendo, se percibía con claridad el lugar que les había sido designado por los dioses, así pudieron escoger el mas propicio donde comenzar a montar sus tiendas. Un lugar en el que no faltara el agua, pero que a la vez les sirviera de punto de inicio para el proyecto de la magna ciudad que ya había sido prevista, y que los constructores y artesanos tenían diseñada, según las directrices del gran Huenupan.
A esta ciudad se le designò un nombre que brillarìa por siglos: Tenōchtitlān.
La primera construcción fue el inicio de una gran pirámide que estaría ubicada al centro. Entre las islas naturales y las fabricadas con barro del fondo del lago y vegetación a las que llamaron chinampas, se tendieron puentes que las comunicaran y se dejaron espacios suficientes para que circularan las canoas. En estas chinampas se sembraban vegetales y flores, y para asegurar su firmeza, se rodearon de cipreses.
En Tenochtitlàn, de acuerdo a su organización y a pesar que las clases sociales no estaban profundamente divididas, si sabía cada quien que lugar ocupaba de acuerdo a su actividad, bien fueran campesinos, artesanos, sacerdotes, guerreros, etc., así que las personas se ubicaron a partir de ese centro y hacia fuera, según importancia y rango, haciendo honor a sus tradiciones.
Algún tiempo después de haber arribado, la salud de Huenupan se agravó, pero alcanzò a dar su aprobación al matrimonio de su hijo Yuma con la hermosa Yaretzi, hija del jefe de uno de los mas poderosos Calpullis. Los ritos funerarios se realizaron en la incipiente pirámide, donde fueron depositados sus restos con toda la pompa que correspondía.
De inmediato Yuma fue nombrado Tlatoani, tal cual como había sido siempre con los primogénitos varones. Esta pareja tuvo hijos gemelos, niño y niña, a los que llamaron, Tonatiuh – el dios sol para los aztecas- y Jatsiri – gota de rocío.
Fueron generaciones de prosperidad, donde florecieron las artes y crecieron en magnificencia, a pesar de las inevitables guerras, y aunque quedan relativamente pocos vestigios de aquello, y las leyendas de sus orígenes se confunden con la historia, la grandeza de la gran Tenochtitlàn, increìble ciudad construìda en el Valle de Anahuac, sobrevivió por siglos, y dejó plasmada su historia, cultura y maravillosa organización, en los códices y monumentos que la han sobrevivido…