Escritores mexicanos y extranjeros condenan los asesinatos de periodistas...Cerca de medio centenar de escritores, poetas, periodistas y defensores de la libertad de expresión mexicanos y extranjeros convocados por el PEN Club Internacional condenaron hoy los asesinatos de 67 periodistas y las desapariciones de otros en una jornada de protesta en la capital mexicana. El poetaHomero Aridjis recordó que la cifra de muertos en la lucha contra los carteles asciende a más de 50.000 por lo que los asesinatos de periodistas pasan desapercibidos y los crímenes permanecen impunes. México es un país donde hay asesinados, pero no hay asesinos",
SERRAT... LA LUCHA POR LA LIBERTAD, SE PROPAGA CUAL VIRUS...
Llegarà el día en que la ausencia de elecciones o de amañados y fraudulentos comicios será cosa del pasado...
Las arenas del desierto se muestran enojadas. Por muchos años el sometimiento les había hecho olvidar su esencia.
Como virus contagioso traspasará fronteras y llegará hasta los que todavía se creen intocables, dando ánimo y esperanza a quienes la habían perdido,o vivían resignados.
Recobrarán su libertad los pueblos, conscientes que el precio a pagar será muy alto, debido a la sangre inocente que será derramada por la intransigencia, la soberbia y el amor enfermizo por el poder.
La juventud ha tomado el lugar que le corresponde, y grita sus razones, clamando por justicia, por oportunidades, por un futuro para sus familias; por su derecho a expresarse. No podrán callarlos. El número de muertos ocasionados por los mercenarios que paga el petróleo, y el dinero mal habido, no silenciará la voz que grita ¡libertad!
Los dictadores mesiánicos tienen sus días contados.
Esto no se detendrá. La gente se ha dado cuenta de cuan poderosa puede ser su palabra y su decidida solidaridad, y ejerce su derecho, aunque les vaya en ello la vida. De eso está escrita la historia, del sacrificio de los que saben que tienen razón, de los que dicen ¡ya basta! y actúan en consecuencia, dejando el miedo tras la puerta de sus casas.
Desgastados líderes, cochambrosos y absurdos, mas parecidos a monigotes que a seres humanos, endiosados y aferrados a sus caducas ideas, tiemblan por las noches en sus palacios, pues el aroma de la libertad entra a raudales por las ranuras de las gruesas puertas que los protegen, y aunque saben que sus èlites bien pagadas están del otro lado, ello no los tranquiliza.
Todos, todos Uds. señores están viviendo un hecho irreversible. El final de su historia construida sobre el sacrificio de millones, sobre el hambre, el miedo y el silencio...no importa cuanto se tarde, ni cuantas vidas cueste.
De que poco sirvió su adoctrinamiento...
Como dice el refrán....vayan poniendo sus barbas en remojo...
Los gruesos muros aplastan el grito ahogado, el chasquido del làtigo, la maldición del verdugo, y el llanto de la vìctima, que se confunden con la estridente música de banda que proviene de la casa.
Colgado como una res, los brazos extendidos, pende milagrosamente, sin tocar el suelo. Las palabras soeces, abofetean una y otra vez el rostro ensangrentado.
¡Habla cabròn, o tu familia lo paga! Apenas balbucea palabras ininteligibles, que no satisfacen a la canalla...
¡El dinero...donde està el dinero! ¡pinche traidor!, se escucha vociferar, mientras restalla nuevamente el làtigo por la espalda que sangra copiosamente, o por las piernas, que prácticamente están hechas girones
¡Oye, trae a la hija de este maldito!, y tu síguele dando, haber si cuando vea lo que voy a hacerle sigue siendo tan macho...Por cierto chamaco, esa carajita te viene que ni pintada...jajajaja.
Si haces bien el trabajo, es tuya...Son más o menos de la misma edad. Ella también tiene catorce años...
El joven sonrìe con malicia, e increíblemente, aun conserva ese aire de niño, de inocencia... Nadie podría imaginar que hace años, se le secó el corazòn...
Claro que sigo patròn, pero para agarrar fuerzas, voy a tomarme un trago y a darme un pasecito...
Caen como hojas que el viento acumula en suaves despojos. Lloran sin ser escuchados. Rostros que sin embargo, pocas veces pierden su sonrisa. Son ellos, los indefensos niños maltratados
Padres y padrastros, madres y madrastras indiferentes. La frustración de sus vidas sin sentido, sin educación ni valores sólidos, descargan su falta de oportunidades sobre la inocencia. No hay castigo posible, no hay ley que nos satisfaga. Ni la muerte sería suficiente compensación ante semejante desatino.
Diariamente esas noticias nos encierran el corazón en un puño. Lloramos de impotencia. La inoperancia de autoridades, la inutilidad de programas que no van más allá de los libros de texto, o las sugerencias televisadas; o las buenas intenciones, que mueren por falta de presupuesto o de gente capacitada.
No más niños maltratados. No más niños que se resbalaron al salir de la ducha o se cayeron de la cama, o a los que el hermanito apenas mayor golpeó.
La pobreza de hoy es más pobre que la de mi juventud. La maldad se enseñorea especialmente en los jóvenes que ven truncadas sus oportunidades de educación y un trabajo decente, convirtiéndolos en fieras de otra raza que destruyen su propia simiente.
La relación sexual con su pareja, el consumo de drogas y alcohol, el miedo a la soledad y desamparo económico, privan sobre las madres, a veces adolescentes, o poco mayores, que no son capaces de evitar el maltrato del nuevo novio, del padrastro violador, o incluso del padre; todo lo contrario, vemos con horror como cada vez mas coadyuvan a que se consume el crimen, cuando no lo ocultan, participan, o protegen al maltratador de sus propios hijos.
Urgen leyes severas, urgen programas preventivos, urgen... ¡URGEN MUCHAS COSAS!
La protección a las madres en situación lìmite, a las mujeres maltratadas, a los niños medio abandonados porque los padres no apoyan con el gasto familiar, y las mamàs se ven obligadas a dejarlos solos para salir a trabajar POR FALTA de suficientes guarderías que los reciban todo el dia, brindàdoles cuidado, alimento y educación. Es importante que la empresa privada se concientice de este asunto, proporcionando espacios donde se cuide a los hijos de sus trabajadoras.
¡U R G E!
Urge...urge que seamos mas humanos
que tengamos conciencia de manada
que de una vez extendamos nuestras manos
aunque sepamos que no nos darán nada
Que no todo sean los intereses
o el negocio del dos por dos son cuatro
que aprendamos a pensar en esos seres
que tienen como futuro, el desamparo...
Exigimos se proteja a nuestros niños que vivan su infancia plenamente
Estoy dejando un rinconcito de la palabra escritora por donde escabullirme inadvertidamente; escurrirme así, como quien no quiere la cosa y sin que nadie lo note, porque apenas me atrevo a pronunciarla para mi sola, menos aun frente al espejo, y jamás ante otras personas. No me siento capaz de catalogarme como tal cosa.
Sin embargo, si puedo decir que los escritores somos ¿? esos seres que trabajamos horas y horas sabiendo de antemano que no tendremos recompensa material, que no seremos reconocidos en la calle (muchas veces ni los laureados), que no nos detendrán para pedirnos un autógrafo y que no nos veremos envueltos en ningún escándalo que amerite el acoso de los medios. Si acaso un escritor no famoso alguna vez es motivo de noticia, será porque con su poesía, artículo o libro hirió los sentimientos de algún político o influyente que odia que le saquen los trapitos al sol; y ahí si, le puede ir en ello incluso la vida.
Solemos escribir cuando se es aun muy joven y sin responsabilidades, cuando hemos criado una familia, o robándole el tiempo al descanso subrepticiamente, ya que para cumplir con las obligaciones de poner en la mesa el pan nuestro de cada día, hay que tener “un trabajo de verdad”. Pero somos tercos, y lo que ignoran los que se niegan a recibir nuestros manuscritos, a leernos –porque ...¡quien es ese-esa!- es que escribimos porque no sabríamos vivir sin hacerlo, porque desahogamos penas propias y sobre todo ajenas, gritando a voz en cuello los atropellos que nos rodean, producto de una sociedad cada vez mas injusta y desigual.
Escribimos porque nos conmueven especialmente las canalladas, la indiferencia y los terribles pecados de omisión de gobiernos, poderosos y gente común, sin que nos importen latitudes, razas o motivos; solo vemos a los muertos, heridos, hambrunas, tráficos humanos, xenofobia, y la explotación del hombre por el hombre, sabiendo que si callamos moriremos asfixiados; ahogados en nuestra propia impotencia.
Por eso el escritor-a-fantasma-moderno-a, carga silenciosamente con la humana decepción de saber que jamás su obra será conocida masivamente, pero con la satisfacción de que por allí, en algún cajón polvoriento, tal vez en un blog o en las modernas redes sociales; en viejos cuadernos que descubren quizás los nietos, ha dejado plasmada en forma valiente y generalmente sin medir consecuencias personales, su sentir y su opinión, dichas con claridad, sin vender su pensamiento, y poniendo los puntos sobre las íes...
En La Patrona, Municipio de Amatlàn, en el bellísimo estado de Veracruz, se reúnen un grupo de mujeres desde hace más de 15 años, para dar alimento especialmente a los migrantes centroamericanos que diariamente cruzan en “la bestia”, el tren que los lleva con rumbo al Norte. Debido al nombre del lugar, estas valientes, generosas y maravillosas mujeres, todas ellas de origen humilde, que viven cercanas a las vìas, han recibido el nombre de Las Patronas.
Les llegan cartas de agradecimiento de todos esos hombres que casi a vuelo de pájaro, toman las bolsas con raciones de comida y agua que ellas les alcanzan, con riesgo de su propia seguridad, pues a veces los conductores cuando las ven baja un poquito la velocidad, pero otras no, lo que las pone en peligro de ser aplastadas o al menos sufrir una peligrosa caída.
Las imágenes y el video hablan por si mismos...
Cuando digo que aun tengo esperanzas en la humanidad, siempre pienso en este tipo de personas, que con carencias en sus propias casas, se reúnen diariamente para alcanzar comida a quienes lo necesitan con verdadera urgencia, con riesgo personal y literalmente, sacando de su boca lo que generosamente regalan.
Ahì nos encontramos con jóvenes de poco mas de 20 años, hasta señoras de 80, que no van a las vìas, pero si ayudan en la preparación de los alimentos.
La lluvia se confunde de estación; cree que es Mayo. Las flores en su apogeo la reciben agradecidas. Mientras, me asomo a mi pequeño balcón que da justo hacia la esquina, llevando en mi mano un vaso con vodka, hielo y un poquito de quina. Hasta el hombre que diariamente da de comer a las palomas, sentado en aquélla vieja banca del parque mira con sorpresa al cielo.
Me quedo quieta, ensimismada por la suave música de acordeón que me llega entrecortada por algunas risas del bar de abajo. Siento la tentación de ir a charlar un rato; seguramente algunos amigos se encuentren allí hablando todos al mismo tiempo, como siempre.
Me vuelvo a mirar el interior de mi apartamento que sigue pareciéndome tan acogedor como el día que lo decoré. Cada cosa en su lugar, pues el orden me es indispensable. Dudosa, observé la ropa dispuesta sobre la cama, pero la de dormir, pues había decidido acostarme a descansar; a leer un poco quizás...
Entré, solté el vaso en el primer mueble, y sin detenerme caminé hacia el closet. Descolgué un vestido ceñido, blanco, que aun no había estrenado y me lo puse rápidamente temiendo quizás arrepentirme. Metí mis pies descalzos en los primeros zapatos que vi, me eché un saco ligero sobre los hombros, tomando una pequeña cartera, sorpresivamente pesada, y mis llaves.
Antes de cerrar la puerta tuve la tentación de escribir algo, no se, tal vez dejar una nota...pero me arrepentí al instante. Salí volando escaleras abajo, sin esperar el elevador.
Reconocí su voz apenas se abrió la puerta, especialmente sus inconfundibles carcajadas. Me fui acercando lentamente. Todos estaban allí; los de siempre. Uno de ellos me vio llegar y le tocó suavemente el codo, señalando disimuladamente hacia mí.
Me detuve a unos pasos de la mesa, mientras el se levantaba despacio, muy despacio, mirándome fijamente. Abrí mi cartera, saqué mi pequeña pistola calibre 22 y le disparé un solo tiro en al cabeza. Podría sentirse orgulloso, pues el había sido mi maestro. No cayò con estrèpito, como el árbol que es cortado desde su base, sino que mientras fijaba sus ojos en los mìos con sorpresa, fue paulatinamente doblando las rodillas y quedó suavemente recostado de lado en el suelo, como si descansara.
Ahora, desde esta celda, me pregunto...sabiendo lo que iba a hacer ¿porqué me traje las llaves de la casa?